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Cuando la búsqueda de una “respuesta favorable” cuesta más que la solución real

Ricardo Tapia
13 sept
5 min de lectura

En el mundo legal es común encontrarse con clientes que llegan al despacho con una expectativa muy clara. Para este tipo de clientes es fácil aceptar las recomendaciones o alternativas que el abogado desarrolla y explica con el objetivo de atender responsablemente el asunto; para otros, escuchar de su abogado lo que quieren oír, aunque la realidad del caso sea completamente distinta, es un asunto que los lleva a una posición distinta, legal y económicamente. En este último caso, esta dinámica no solo genera frustración, sino que puede convertirse en un gasto significativo de tiempo y dinero, especialmente cuando se contratan múltiples abogados en busca de un resultado que no existe.


El costo de buscar la confirmación


Hay personas, que al no estar satisfechos con la primera opinión legal que reciben, deciden contratar a otro abogado, y luego a otro más, hasta escuchar una versión que coincida con sus intereses, caprichos o deseos. El problema es que, en estrictamente derecho, los hechos y la normativa legal aplican de manera objetiva; insistir en una interpretación favorable, aunque carezca de sustento legal, rara vez cambia el resultado. Lo que sí cambia es la cuenta bancaria del cliente, pues este termina pagando honorarios de consultas, revisiones de documentos y nuevas estrategias que terminan siendo redundantes, o en muchos casos sin sentido.


La diferencia entre asesoría y complacencia


Un abogado ético tiene la obligación de decirle al cliente lo que la ley permite y lo que no, aunque el mensaje sea duro o difícil de aceptar por el cliente. Actualmente hay una moda de parte de personas que buscan una asesoría legal luego de consultar herramientas como Google, y en días recientes, ChatGPT; si bien es cierto que estas plataformas o herramientas en muchas ocasiones son útiles para poder entender ciertos temas y tener un panorama más claro de lo que se trata el asunto, no es menos cierto que la experiencia y los estudios del abogado son necesarios no solo a la hora de ejecutar sino para hacerlo de forma organizada, coherente, que se ajuste a alternativas reales y conforme a las reglas y procedimientos legales.


Y es que el uso de estas herramientas en muchas ocasiones lleva a la persona a leer una información que posiblemente sea correcta, pero a la hora de la ejecución, estos no saben como manejar la misma para que tenga la efectividad y poder lograr el objetivo. Recientemente tuve una consulta de una pareja quienes, por mi experiencia, fueron a la reunión preparados con un "libreto" provisto por ChatGPT; el caballero hacía preguntas puntuales sobre el proceso, tratando no solo de establecer sus puntos desde una perspectiva errónea, sino que trataba de obtener una dirección para atender el asunto personalmente. Este además confundía el orden de los procesos, solicitudes necesarias, y alternativas legales que no eran viables para el asunto que querían lograr. De igual forma, al momento de identificar la evidencia que era pertinente para su caso, este no lograba comprender el motivo de ciertos documentos necesarios para el proceso ni tampoco la manera de presentarlos. En fin, este tenía los conceptos básicos y la información del proceso pero a la hora de la ejecución no sabía como implementarlo, y ahi esta el riesgo no solo de perder tiempo y dinero, sino de colocarse en un riesgo innecesario.


Por otro lado, hay clientes que se pasan buscando la complacencia de parte de abogados para que les digan las palabras exactas que quieren escuchar para resolver un problema legal, aunque ya otros profesionales le han explicado el proceso y las alternativas. Este tipo de clientes se pasa de oficina en oficina tratando de obtener esa información que se ajuste a sus deseos, los que muchas veces se pueden identificar como caprichos. Este tipo de clientes tiende a confundir lo que es una segunda opinión legal, pues en vez de buscar validar alguna información, se concentran mas bien en la búsqueda de una respuesta que se ajuste a lo que ellos entienden es la solución de sus problemas. Yo soy fiel creyente en que las segundas opiniones son valiosas para confirmar algún análisis o explorar un ángulo distinto. Lo que no debe ocurrir es convertir ese proceso en una búsqueda interminable de quien diga “sí”, sin evidencia jurídica que lo respalde y basada en generalidades.


Recientemente tuve la oportunidad de conversar con unos colegas sobre este particular y yo les describía que actualmente existe una cierta creencia de parte de ciertas personas que tienden a pensar que aunque cometan un delito o infracción, al estos contratar a un abogado, no deben pasar por las consecuencias legales. Yo les mencionaba tres ejemplos particulares; el primero es cuando escuchamos personas que al ser detenidas por una infracción de tráfico y recibir un boleto, estos aunque reconocen internamente que cometieron la infracción, buscan contratar a un abogado para que este se encargue de borrarle la multa, solo por el hecho de no tener esa marca en su expediente de manejo; el segundo ejemplo es cuando una persona asesina a otra teniendo la intención de hacerlo, y una vez lo identifican como sospechoso, creen que al contratar a un abogado, eso significa que no deben pasar por el proceso ni mucho menos pagar por el crimen, aunque tengan la certeza de que lo cometieron; y el tercer ejemplo es cuando una persona entra a los Estados Unidos sin la documentación legal requerida y luego de algunos años viviendo en el país entiende que al solo contratar abogado, eso representa obtener algún estatus legal. Si bien es cierto que para cada caso existen mecanismos, formas, y procesos legales que pueden eximir de responsabilidad o arreglar el asunto positivamente a favor del cliente, eso representa un análisis previo y una ejecución siguiendo una estrategia legal.


Al final, usted como cliente no busque complacencia, sino asesoría, pues corre el riesgo de terminar con profesionales poco escrupulosos que le cobrarán por alimentar falsas expectativas y su ego. Desde ese punto, la relación deja de ser una estrategia legal y se convierte en un ciclo de gasto sin propósito.


Cómo evitar caer en ese círculo


La mejor forma de prevenir estas pérdidas económicas es entender que una opinión legal negativa no es un obstáculo, sino una guía. Si un abogado serio le explica que no existe un camino viable, escuchar esa advertencia a tiempo puede ahorrar años de desgaste y miles de dólares. La clave está en valorar la honestidad profesional sobre la promesa de un resultado imposible.


Estas son algunas señales de alerta:

  • Te prometen resultados garantizados en un tema con alta discrecionalidad de parte de quien debe tomar la decisión en el caso, ya sea un juez, oficial, agente representante del gobierno, o la otra parte en el pleito.

  • Evitan hablar de riesgos, tiempos y costos por escrito.

  • No citan leyes, reglamentos o precedentes; todo se queda en generalidades.

  • Te presionan para pagar de inmediato o firmar sin un alcance de trabajo claro.

  • Atacan al abogado anterior sin fundamentos o con generalidades.

  • No muestran las certificaciones requeridas para practicar como abogados en los Estados Unidos.


Cómo pedir una segunda opinión de forma inteligente


  1. Debe entregar el expediente completo para ser evaluado o contar con la mayor información posible relacionado al asunto : este debe incluir decisiones previas, documentos del proceso, comunicaciones, recibos, y objetivos.

  2. A la hora de la consulta, el abogado debe describir: puntos a favor, en contra, riesgos, y referencias legales.

  3. Debe haber claridad de alcance: qué hará el abogado, qué no cubre la representación, cuales son los plazos estimados y criterios de éxito realistas.

  4. Deben explicarse las alternativas prácticas, de haberlas: si la vía A no es viable, ¿existen vías B o C más seguras o de mediano plazo?


Conclusión


En derecho, no siempre hay una respuesta que se ajuste a nuestros deseos, pero siempre hay una respuesta correcta que puede ayudarnos a tomar decisiones informadas. Buscar abogados que digan lo que uno quiere escuchar puede ser una tentación, pero al final, el costo de esa búsqueda suele superar con creces cualquier beneficio.

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